
Senadores del Grupo Parlamentario del Partido del Trabajo (PT) impulsan acciones para fortalecer la protección de las personas adultas mayores frente al abandono, la violencia y el despojo patrimonial, una problemática que, señalaron, permanece invisibilizada pese a afectar a miles de personas en el país.
Mediante un punto de acuerdo turnado a la Segunda Comisión de la Comisión Permanente, los legisladores exhortaron al Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM) y a los Sistemas DIF de las 32 entidades federativas a reforzar las políticas, programas y mecanismos institucionales dirigidos a prevenir, detectar, atender y erradicar las distintas formas de violencia que enfrentan este sector de la población.
La propuesta fue presentada por el senador Alberto Anaya Gutiérrez y las senadoras Geovanna Bañuelos de la Torre, Lizeth Sánchez García, Yeidckol Polevnsky Gurwitz y Ana Karen Hernández Aceves.
Los legisladores advirtieron que numerosos casos documentados muestran cómo personas adultas mayores han sido obligadas a abandonar sus hogares, privadas de recursos económicos o presionadas para ceder propiedades y bienes patrimoniales, en muchos casos por familiares, conocidos o personas cercanas que se aprovechan de su condición de vulnerabilidad.
Asimismo, solicitaron a las fiscalías estatales fortalecer las acciones de prevención, protección, investigación y sanción de los delitos cometidos contra este sector, con el objetivo de garantizar una atención digna, especializada y libre de discriminación.
De acuerdo con datos citados en el documento, el 87 por ciento de los reportes registrados entre 2024 y 2025 relacionados con violencia hacia personas adultas mayores ocurrieron dentro del hogar, siendo las hijas e hijos los principales agresores.
Las y los legisladores señalaron que la violencia contra este grupo de la población no sólo afecta su integridad física y emocional, sino que vulnera su dignidad, sus derechos humanos y su calidad de vida.
“Es inadmisible que existan casos de despojo y aislamiento social de las personas adultas mayores. Su protección no debe entenderse únicamente como una obligación jurídica, sino como un imperativo ético y social”, destacaron.
Finalmente, consideraron necesario fortalecer los mecanismos institucionales que permitan prevenir estas conductas y garantizar a las víctimas acceso efectivo a la justicia y a una atención especializada.
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