Escherichia coli, que habita naturalmente en el intestino pero que, bajo ciertas condiciones, puede migrar hacia el tracto urinario y multiplicarse.

La humedad y las altas temperaturas crean un ambiente propicio para el crecimiento bacteriano. «Cuando el traje de baño permanece mojado durante horas, se genera un microclima cálido y húmedo que favorece la proliferación de bacterias como la
E. coli«, explica el Dr. Miguel Martín Almendros, médico de Atención Primaria y miembro de INFITO. Además, en verano suelen cambiar los hábitos: se bebe menos agua, se consume más alcohol y se retrasa la micción, factores que también contribuyen al desarrollo de infecciones.
Otro desencadenante común es la actividad sexual, conocida como
cistitis postcoital. «Durante las relaciones sexuales, las bacterias pueden desplazarse hacia la uretra, que en las mujeres es más corta, lo que facilita su llegada a la vejiga», añade el especialista.
Cómo prevenir la cistitis en verano
Para reducir el riesgo, los expertos recomiendan:
- Cambiarse el traje de baño inmediatamente después de salir del agua.
- Beber suficiente agua para favorecer la eliminación de bacterias.
- Orinar con frecuencia, incluyendo antes y después del sexo.
- Evitar el alcohol y la cafeína, que pueden irritar la vejiga.
- Usar jabones neutros para no alterar el pH de la zona íntima.
Además, se ha demostrado que el
arándano rojo americano, gracias a sus proantocianidinas (PAC), puede ayudar a prevenir la adhesión de bacterias a las vías urinarias. «Combinado con plantas como el brezo, contribuye a mantener la salud urinaria y reducir las recurrencias», señala la Dra. Teresa Ortega, vicepresidenta de INFITO.
Síntomas para estar alerta
Si aparecen molestias como:
- Dolor o ardor al orinar.
- Necesidad urgente y frecuente de ir al baño.
- Presión en la parte baja del abdomen.
Es importante consultar a un médico para evitar complicaciones. Con pequeños cambios en los hábitos de verano, es posible disfrutar del sol y el agua sin poner en riesgo la salud urinaria.]]>