
El Mundial de 2026, en el que México será coanfitrión junto con Estados Unidos y Canadá, no solo será un evento deportivo: representará un choque de demanda sin precedentes para las cadenas de suministro de empresas de consumo masivo y retail en el país.
La experiencia internacional confirma la magnitud del impacto. En Qatar 2022, la FIFA reportó que más de 5 mil millones de personas siguieron el torneo a través de distintos medios y que la final fue vista por alrededor de 1,5 mil millones de espectadores a nivel global.
El país anfitrión recibió cerca de 1,4 millones de visitantes internacionales durante el evento, de acuerdo con cifras oficiales del comité organizador. En Brasil 2014, el Ministerio de Turismo de ese país estimó la llegada de cerca de 1 millón de turistas extranjeros asociados al Mundial. Estudios de firmas como Nielsen y Kantar han documentado en estos contextos incrementos de doble dígito en ventas de cerveza, refrescos y botanas durante los días de partido frente a periodos comparables sin torneo.
México, que en la última década ha recibido más de 30 millones de turistas internacionales al año según la Organización Mundial del Turismo, enfrentará durante el Mundial una combinación única: flujo adicional de visitantes, reuniones masivas para ver partidos en casa y en bares, y un consumidor mucho más habituado a comprar por canales digitales que en mundiales anteriores.
“El Mundial 2026 no es un año más en el calendario comercial: es un stress test para la cadena de suministro mexicana”, afirma José Ambe, CEO de LDM. “Quienes sigan planeando con históricos ‘promedio’ y sin escenarios específicos para el torneo corren el riesgo de vivir sus peores quiebres de stock justo cuando más visibilidad y demanda tendrán sus marcas.”
De acuerdo con el análisis de LDM, las empresas mexicanas enfrentarán al menos tres riesgos operativos si no se preparan:
Se recomiendan tres movimientos estratégicos a las empresas de consumo masivo y retail en México:
Con el Mundial como catalizador, 2026 será un punto de inflexión para la operación logística de México. Prepararse no solo evitará disrupciones, sino que fortalecerá la competitividad de las empresas en un entorno cada vez más exigente.
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